19. Una sociedad más humana, más conectada
En los últimos tiempos he venido escuchando con mucho énfasis sobre la importancia de hacer conexión con los alumnos para poder mejorar sus experiencias de aprendizaje y favorecer una saludable inteligencia emocional.
“Conexión antes que corrección”
“Construir relaciones para construir aprendizajes”
Esto es una de las primeras cosas que te enseñan al ser profe; es de lo que siempre hablamos en las capacitaciones y es lo que el sentido común dictaría. Pero ¿Por qué seguimos resaltando este tema?
¿Posiblemente porque las prioridades que se nos imponen o las expectativas en el aula son únicamente académicas?
Pero, ya sabemos que es obvio que para lograr las metas académicas hay que establecer relaciones positivas y conocer a los alumnos primero.
Entonces, ¿en dónde nos perdimos?

Vivimos en la era de las redes sociales, la automatización y la inteligencia artificial, sin realmente entender que para que una red sea “social” tiene que tener ese valor de conexión humana. Le tenemos miedo a la inteligencia artificial sin entender que la inteligencia humana es la que la crea y la que la hace funcionar en primer lugar.
Este año compartiendo mi clase con alumnos con TEA descubrí algo. Generalmente me es relativamente fácil conectar con mis alumnos y conocerlos; con ciertos alumnos necesito esforzarme más que con otros y al conectarme y conocerlos suelo usar las mismas estrategias. Sin embargo, cuando tienes estudiantes a quienes la comunicación y la interacción no les es tan natural, o sus formas de hacerlo son totalmente diferentes, ahí está el reto del profesor: encontrar la manera de hacer click con esos alumnos.
Habíamos dicho que al vivir en una época de redes sociales en donde no siempre importan los valores sociales, vivimos acostumbrados a la inmediatez, los recursos multimedia y a confiar en la inteligencia de otros antes que la propia, entonces, creo que entiendo por qué hablamos tanto de construir relaciones, de hacer conexiones:
las formas de comunicación y de relacionarnos han cambiado y por lo tanto nuestras estrategias en la clase también deben cambiar.
Volviendo a una de mis alumnas autistas este año, con quien logré hacer un vínculo increíble e innegable, debo decir que el camino no fue fácil, me tomó semanas de intentos y de mucha observación para encontrarle “la música” al asunto y finalmente hacer ‘click’ con ella. Todo este esfuerzo valió tanto la pena y no sólo espero haber tenido un impacto positivo en sus experiencias en el aula, sino que este repensar en la forma cómo me comunico y conecto con mis estudiantes, me hizo crecer como educadora y como ser humano.
Entonces, no es que nos perdimos en el camino, solo nos cambiaron el sistema de GPS y la forma de entenderlo y manejarlo es diferente. Por eso, seguimos hablando de construir relaciones para poder construir aprendizajes, sólo necesitamos repensar el "cómo".
Si las formas de relacionarnos, interactuar y comunicarnos han cambiado, entonces tendremos que hacer un esfuerzo adicional para encontrar otros medios y estrategias para hacer conexiones reales con nuestros estudiantes. Este año con mi alumna con TEA, encontré que los ritmos, patrones y la música eran su manera de conectarse con el otro y con el mundo que le rodea; una conversación sin musicalidad se desvanecía en el espacio; una interacción sin ritmo, no tenía emoción y una experiencia sin un patrón, carecía de sentido. Al mismo tiempo, su lenguaje oral iba creciendo y la forma en la que nos comunicábamos iba evolucionando y volviéndose más natural, pero la música y las canciones seguían siendo nuestro idioma, hasta el final.

Me di cuenta además que el resto de la clase se beneficiaba de este idioma y encontramos otras maneras de incorporarlo en sus interacciones: el baile, el movimiento, las rimas, el juego y las risas.
¡Qué manera tan especial de crear un sentido de comunidad en la clase y de desarrollar habilidades y valores sociales!
Este logro me enseñó mucho sobre la forma en la que conecto con mis alumnos; reforzó la calidad de observación en mi clase y me hizo pensar de manera creativa para encontrar solución a esta necesidad de conexión.
Pero lo más importante, espero que haya dado a todos mis estudiantes el ejemplo de cómo la empatía y el de “ver” al otro es el verdadero GPS para encontrar el camino a una sociedad más humana, más conectada.



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